Desafío maestro contemporáneo: conciencia Metacognición cuerpo y aprendizaje

1. El Problema: Educación, voz latina mil veces evocada con la finalidad de re-encontrar sentido a las acciones practicadas en su nombre, al pensamiento generado a su respecto. Al deslindar nociones que facultan el acceso a su comprensión con frecuencia se establecen diferencias; con relación a la pedagogía (como disciplina), a la instrucción (como adquisición de conceptos y destrezas propias a la habilidad discursiva), a la formación (como desarrollo integral y formalmente dirigido). Pero a todas ellas subyace la idea de la posibilidad de cambio, el reconocimiento de una latencia de transformación que integrando lo esencial de lo humano se yergue como insoslayable eje para fundamentar cualquier propuesta y visión de lo que la acción educativa pueda suponer.

Ciertas paradojas se abren desde este eje para desplegar el dilema del maestro hoy:

1.1 Está en boga hablar de educación permanente -concepto que incorpora y genera dinámica interna para perspectivas como la educación de adultos o la extensión educativa y que al propio tiempo permite visualizar la formalidad ó informalidad del acto educativo como un continuo más allá de las polaridades planteadas por la necesidad de sistematización. Sin embargo hoy en día más que nunca, la escolarización se amplía hasta niveles insostenibles, la dependencia social respecto al sistema escolarizado es abrumadora y la dominancia del sistema económico para con éste último es tan evidente que ante situaciones de inadecuación social como por ejemplo la de los llamados “niños de la calle” ó los “bolsones de pobreza campesina”, más que reflexión crítica sobre su origen y naturaleza se exigen soluciones prácticas y veloces que remuevan tales “obstáculos” al sistema de vida imperante.

1.2 Hoy en día la exigencia social de calidad de la enseñanza y la ansiedad por lograr eficiencia educativa demostrable han orientado intensamente la atención de los educadores hacia el fenómeno del aprendizaje en general, y hacia el despertar de tal proceso en su multitud de manifestaciones y modalidades en particular. La concentración de interés en este campo es tanta que la palabra enseñanza está perdiendo prestigio en ciertos círculos… En todo caso las tendencias actuales encierran una candente preocupación: ¿cómo lograr lo genuino, cómo conseguir que los procesos educativos se yergan por sí mismos hasta obtener una dinámica autónoma que se apoye en sí misma? ¿Cómo conseguir que los estudiantes -cualesquiera sea su nivel ó campo de aprendizaje- sean verdaderamente gestores y protagonistas de su aventura por crecer y aprender?
Durante la segunda mitad de este siglo, el esfuerzo de la psicología del desarrollo y del aprendizaje se concentra en este punto perfeccionando conceptos como los de “la adquisición, la adecuación, la transferencia, el refuerzo y la construcción del conocimiento”, entre otros, y consecuentemente las propuestas didácticas flexibilizan su óptica de acción generando nuevos criterios pedagógicos como el diseño de estrategias y situaciones, el diagnóstico de grupos de aprendizaje, o la evaluación formativa y de procesos. Así, la tendencia en los últimos tiempos alcanza la revisión propiamente epistemológica de lo educativo asumiéndose paradojalmente como novedad un tema tan antiguo como el de la metacognición.
1.3 Todo ello comporta un desplazamiento sustantivo del rol del educador hacia un plano receptivo y creador al propio tiempo. Un plano en el que la expectativa de logro es fundamentalmente la experiencia real vivida por el estudiante como dinamo y fuente de los micro y macroprocesos de adquisición fijación y generalización del conocimiento. El nuevo enfoque revela una mayor sensibilidad hacia la comprensión del significado de las fases y estados vividos por quien aprende, en una búsqueda de mayor calidad para los resultados de la acción educativa. Ahora se reconoce universalmente la importancia de los procesos socio-afectivos y emocionales del aprendizaje así como la potencialidad de las diferencias interindividuales en la generación de diversos climas y ritmos de trabajo. Sin embargo, la presión ejercida por el vertiginoso avance de la tecnología y la maquinaria económica puesta a su servicio han despertado un insaciable campo de fuerzas cuya finalidad no es necesariamente el desarrollo humano. La distancia abierta entre el (los) discurso(s) y los logros obtenidos por la educación es cada vez más evidente.